viernes, 1 de junio de 2012

Celebracion de las amantes cordoba. Cuerpo Lesbiano

Queridas amantes: El día está nublado en la ciudad de las diagonales y nos predisponemos a emprender nuestro viaje a la tierra de las sierras y las casas tomadas por anarquistas. Seguro mucho más podremos contar sobre Córdoba a nuestro regreso, de momento nos asalta la angustia de pensar en la posibilidad de perdernos en el tiempo, de no regresar embebidas de placer en la celebración de las amantes. Por eso escribimos estas líneas que intentan atrapar este presente… lesbiana, poco importa si en tus manos lésbicas es pasado o futuro, el momento de la enunciación no tiene tiempo. Fuimos invitadas a la celebración de las amantes. Nos preguntan si existe un cuerpo lesbiano entre un número abultado de lesbianas. Una ironía identitaria, una contradicción filosófica. Lo llamativo no es que las tortas nos preguntemos por la existencia del cuerpo lesbiano; sino que nos cueste describir rasgos, huellas, partes, ánimos, prácticas que lo reafirman en lo cotidiano. Adjetivar al cuerpo con la identidad es darle carácter político. ¿Quienes son las lesbianas en quienes pensamos cuando reflexionamos sobre cuerpos lésbicos? ¿Qué referencias tenemos de esas existencias? ¿Quiénes narran nuestra historia? ¿Dónde circulan esos relatos? ¿Qué forma tienen? Esta necesidad de genealogías, de buscarse lesbianas en otras lesbianas, de pensarse colectivamente con encuentros y desencuentros… Ser lesbiana en una cultura machista, capitalista, misógina y lesbofóbica, nos invita a reformular una frase, tantas veces escuchada: No se nace lesbiana, se llega a serlo. Un cuerpo lesbiano es un cuerpo que se enuncia, en una sociedad que violenta y constantemente busca marcarlo, corregirlo, negarlo, ausentarlo. Soy lesbiana. Expreso un cuerpo lesbiano. Un cuerpo alternativo. Visible o invisible. Lo hago de la forma que elijo. Y no se trata de estereotipos sino de referencias. Bien podría proyectar mi subjetividad lésbica en muchos cuerpos (aún me resulta imposible pensar que Gabriela Sabatini no se diga torta). Sin embargo, difícilmente pueda referenciarme en ellos, aprender de ellos, intercambiarnos, construir con ellos historia lésbica, si esos cuerpos no se enuncian lesbianos. Un cuerpo lésbico es también un cuerpo colectivo. Lo importante es pensar estrategias que colaboren en la construcción de una historia -como otras- que no caben dentro del binario. Quizás nuestra dificultad para describirnos no sea una imposibilidad, sino el deseo de ser un cuerpo colectivo hecho de múltiples cuerpos lesbianos, resistentes a la heterosexualidad, refugiados en algún tipo de feminismo, en la transgeneridad, en una identidad lésbica que no quiere terminar de definirse, en alianzas lgtb, en el decir militante a la cotidianeidad. “¡Estas más pintada que una puerta! ¿Por qué todas tienen el mismo corte de pelo? Jamás me hubiera imaginado que eras lesbiana, ni se te nota. El baño de chicos es al lado. ¿Nunca usas pollera? Que necesidad de tanto tatuajes ¿Vos no te depilas? ¡Paráte derecha! ¡Cambia la postura! ¡Camina bien!” Un cuerpo lésbico es un cuerpo que molesta. Un cuerpo que irrumpe en el sentido común. Un cuerpo que no es normal. Un cuerpo lesbiano es un cuerpo observado y cuestionado. En el régimen político de la heterosexualidad obligatoria, el cuerpo lesbiano está obligado a enunciarse constantemente para afirmar su existencia. El acto político de la visibilidad; la salida del closet permanente. El cuerpo lésbico es un cuerpo que se elige y construye en la libertad de la resistencia a las categorías puras. No nos reconocemos en el deber ser de cada una de las partes del binomio mujer-varón, al mismo tiempo nos apropiamos de sus características, de sus prácticas, de su estética. Variamos el nivel de apropiación de estas conductas y expresiones, entendiendo nuestra identidad como un proceso continuo y determinado, hacia la construcción de una expresión lésbica, múltiple y colectiva, distinta en cada lesbiana. Creemos que la enunciación construye realidades, porque construye nuevas posibilidades de referencia, desarticulando el binomio hombre-mujer como única fuente de discursos, de historia, de expresión de género. El devenir del cuerpo lesbiano irrumpe en el espacio; hace cortocircuito, quema las categorías sobre las que se construye un determinado orden simbólico, por el que transitan mandatos heteronormativos, con los cuales se intenta leernos, a los cuales se intenta devolvernos o recapturarnos. El acto de resistencia a este sistema patriarcal y heterosexual es volver obsoletas las categorías, con las que la heterosexualidad, a través del sentido, común nos lee en el contexto de la comunicación cotidiana en la que nuestros cuerpos se desenvuelven. El cuerpo lesbiano se enuncia, una y otra vez, forzando el marco de su lectura, buscando una fisura por la que introducir su discurso. Esta carta que en tus manos se pronuncia ya es un rastro de nuestra existencia, algunas coordenadas en el mapa del cuerpo lesbiano, de nuestro cuerpo lesbiano. Esperan ser también fisuradas, convertirse en discurso, en historia, en identidad que brota en la disidencia. Viva el placer disidente Arpías que fuman telaraña

1 comentario:

Paula B dijo...

http://historiadesexualidad.blogspot.com.ar/

Hola chicas las invito a leer la historia de mi sexualidad, Besos!

Paula B